Las usuarias del SEPAP contagian su entusiasmo tras haber compartido ya el primer mes de actividad presencial

·        Consejería y Ayuntamiento rabanero contribuyen a este importante recurso

·        El equipo multidisciplinar ve una mejoría de las asistentes tras retomar las actividades en el Centro de Mayores de Argamasilla de Calatrava

Las personas usuarias del SEPAP, Servicio de la Promoción de la Autonomía Personal que atiende a quienes se encuentran en situación de dependencia, grados 1 y 2, se muestran encantadas por haber retomado la actividad presencial, y grupal, en el Centro de Mayores de Argamasilla de Calatrava.

Este recurso asistencial, promovido por la Consejería de Bienestar Social de Castilla-La Mancha y al cual apoya el Ayuntamiento rabanero, fomenta la actividad mental y física entre cuantos mayores requieren de este tipo de estimulación para mantener su bienestar y facultades, gracias a la labor de cuatro monitoras especializadas.

Elena González, coordinadora del SEPAP, señala que son hasta 25 los talleres que se van sucediendo para trabajar todas las áreas que más confluyen en el objetivo común del servicio, en particular las terapias de grupo, arteterapia, gerontogimnasia, equilibrio, deglución, lectoescritura, emociones, vida diaria,… hasta salidas grupales y de marcha.

Un amplio y variopinto elenco que confluye a la entusiasta motivación de sus participantes, algo fundamental por cuanto se rompe con el aislamiento social y con pensamientos negativos, esquivando así posibles dificultades psicológicas al margen de los achaques más físicos, tan propios ambos en edades avanzadas.

Ajenas a teorizaciones sobre el envejecimiento activo y lo que es una óptima calidad de vida, las quince usuarias que actualmente asisten lo hacen encantadas, puntuales y muy agradecidas por la labor que con ellas hacen las respectivas monitoras, devolviendo con creces tanto cariño y atenciones como les son dedicadas.

Milagros Valero, la más veterana del grupo con sus 83 años de edad, viuda desde hace casi una década, explica que ante a esa soledad del hogar “me ha resucitado el venir aquí” y, es más, “estoy deseandito que llegue la hora y las horas aquí me vienen cortas, para pasarlas aquí con mis compañeras y con mis profesoras”.

Ella, madre y nieta orgullosa, con un buen humor a pleno rendimiento que da cuenta de la satisfacción que le reporta el servicio, apunta que en el SEPAP “hacemos de todo y aprendemos lo que ya tenemos olvidado” y, por tanto, “yo de aquí no me iría que estamos aquí trabajando muy bien”.

En parecidos términos abunda Hipólita Sánchez, de 79 años, también madre y abuela y encantada de compartir tiempo y espacio con “estas compañeras tan agradables y sobre todo las profesoras, que nos dan fisio, nos dan geografía, nos dan de todo”, comenta con el deseo de que algo tan “maravilloso” pueda durar mucho”.

“Esto es más o menos como un colegio. Yo a mi hijo le digo ‘me voy a la escuela’ y él me pegunta ‘¿Mamá has hecho los deberes?”, sonríe Hipólita, en tanto que su compañera Osoria Carnero destaca que las actividades contribuyen a evitar pensar en ciertas cosas que la mente: “Te vienes aquí y se te van esas cosillas un rato”, apostilla.

Equipo multidisciplinar

Todo ello es algo que hace posible cada mañana, de 10 a 14 horas, de lunes a viernes, así como martes por la tarde, el equipo multidisciplinar que encabeza, como coordinadora, la psicóloga Elena Ruiz y completan estrechamente la fisioterapeuta Yolanda Ruiz, la terapeuta ocupacional Celia Bueno, o el logopeda Ricardo Parrilla.

Entre los cuatro deciden acerca de la idoneidad de la persona candidata que propone la trabajadora social para poder asistir al SEPAP, recurso que actualmente está ocupado hasta la mitad de sus 30 plazas, de modo que están actualmente disponibles una quincena de plazas para quienes quieran recibir los beneficios de este recurso gratuito.

Y es que las ventajas son más que palpables desde que reanudara presencialmente la actividad. “Hemos notado mucho cambio desde el primer día que vinieron, a todos los niveles”, explican Elena y Yolanda. En lo emocional, la carencia de relaciones sociales o en lo físico, quedarse en casa sin ejercitar adecuadamente, estaba ya haciendo estragos.

Frente a eso, “poco a poco, aquí van mejorando y además están muy animadas, son muy participativas y muy activas”, algo que logra el encuentro entre las propias usuarias y la cercanía con quienes, para ellas, desarrollan las actividades, todo bajo el protocolo habitual preventivo frente a la Covid-19; mascarillas, gel hidroalcohólico y distancia.

Cabe reseñar que además atienden a usuarios que optan por quedarse en sus domicilios al trasladarles hasta ellos recursos de los talleres correspondientes, para que sigan así rutinas y actividades, aunque no sea presencialmente, pero con la misma fórmula que durante el tiempo de pandemia permitió al SEPAP mantener sus objetivos y beneficios.

“Nos adaptamos a todas las necesidades que tengan”, afirman, satisfechas no obstante de que la evolución a favor de la pandemia y el hecho de estar vacunadas estas franjas de edad ya, esté propiciando un mayor interés entre quienes todavía han preferido esperar. Por eso se confía en que se puedan completar todas las plazas, 30 en total.

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